¡Aló, aló Aristóteles!

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  • La corrupción, la violencia y desigualdad no se combaten únicamente con leyes, sino con acciones éticas capaces de desplegar virtudes como un modo de ser, y que lleven a las personas a comportarse bien por el simple hecho de acercarse a lo correcto.

Por: Claudia Albarracín*

Santiago, Innovapress, 12 oct 2025.- Si el destino de Bolivia dependiera de una llamada en busca de soluciones reales, llamaría a Aristóteles, con la intención de organizar un curso intensivo sobre su propuesta de la ética de las virtudes. Estoy convencida de que no existe forma alguna de gestar transformaciones profundas sin incorporar nuevos patrones éticos en todos los contextos.

La corrupción, la violencia y desigualdad no se combaten únicamente con leyes, sino con acciones éticas capaces de desplegar virtudes como un modo de ser, y que lleven a las personas a comportarse bien por el simple hecho de acercarse a lo correcto.

De hecho, tanto la corrupción como la violencia tienen una raíz moral común: son el resultado de vivir de espaldas a la ética. Por eso, sus manifestaciones perversas se extienden por todo el mundo, y sus protagonistas provienen de diversos orígenes sociales, económicos y religiosos.

Llegado a este punto, más de uno, al leer mi columna, pensará que esto es demasiado teórico, idealista o incluso lo calificará como una reflexión propia de una persona religiosa. De hecho, situar a las virtudes en un contexto religioso es un error, considerando que el fin último de la ética de las virtudes es impulsar una cultura, resultado de acciones de excelencia de los seres humanos, que conduzcan al bienestar tanto individual como colectivo.

Siento que cuando se  haya entendido la urgencia  de amigarnos con la ética de las virtudes se deberá revolucionar el sistema educativo con el objetivo de transformar el ser y hacer de todo boliviano que tenga el deseo de mejorar nuestro país con una mirada particular en relación a su entorno, desplegando un profundo sentido de respeto, confiabilidad, honradez, responsabilidad, cooperación, entre otras en su cotidiano.

Mi intención de hablar con  Aristóteles no es porque sea el único filósofo que haya reflexionado sobre este tema, sino porque, desde hace más dos mil años de manera pionera  y coherente está hablando sobre porqué deberíamos vivir con virtudes, pero lamentablemente sigue sin ser plenamente escuchado. Creo que ya es tiempo de hacerlo.

* Es periodista, magister en Ética Social y Desarrollo Humano

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