La Paz, 22 de abril de 2024
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Gobierno traza cinco políticas y acciones para el desarrollo agropecuario rural

-El objetivo es producir lo nuestro, consumirlos y el excedente exportar, dar seguridad alimentaria y sostenibilidad de los ingresos, especialmente en el sector agrícola.

El Gobierno tiene una política para impulsar la actividad agrícola/ Foto: InfoAgro

Por Juan Gabriel Perez.

Innovapress, 31 mar 2021.- El Gobierno a través del Plan Sectorial de Desarrollo Rural y Tierras trazó cinco políticas públicas para los próximos 5 años: 1) sustitución de importaciones; 2) fortalecimiento de los rubros potenciales para la exportación; 3) garantizar la seguridad alimentaria; 4) producción y generación de bioenergía y 5) almacenamiento de agua.

“Las acciones buscan garantizar el desarrollo productivo rural del país y la seguridad alimentaria”, afirmó el coordinador del viceministerio de Desarrollo Rural y Agropecuario, Orlando Achu, quién explicó que estas determinaciones de política pública responden al lineamiento del gobierno central.

Los principales problemas del sector productivo en el país son la baja productividad, casi nula tecnificación, altos costos de producción, disminuida capacidad para el uso de tecnologías, a los que se suman que no hay seguridad social de corto y largo plazo para los productores, no se tiene un acompañamiento real en toda la cadena de valor y otros.

“La sustitución de importaciones se orienta a dejar de comprar del mercado externo productos y producirlos en el país, como el caso del maíz por lo que se están realizando análisis y planes productivos”, explicó.

Bolivia importa al menos 16 productos alimenticios (trigo, arroz, maíz, quinua, cacao, café, manzana, plátano, mandarina, piña, durazno, uva, cebolla, tomate, frijol y papa), a pesar de producirlos en el país, según información del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).

En una publicación en Correo del Sur, se explica que algunos productos se importan, como el trigo, “porque la producción nacional no abastece, pero otros casos como el de las frutas se importan de acuerdo con las preferencias del consumidor; y otros por los precios rebajados”, por la baja productividad de los mismos.

En el caso del fortalecimiento de los rubros potenciales para la exportación agropecuaria, la autoridad explicó que este proceso se ejecutará como se ha venido haciendo, sin embargo, dijo, es necesario dejar de exportar materia prima, y comenzar a generar el valor agregado, que implica dar un paso más en la producción.

De acuerdo a los datos del IBCE, en 2019, los diez principales productos exportados por Bolivia a los Países Miembros de la CAN (Comunidad Andina de Naciones) durante el 2019, representaron el 83,7% del total exportado a la Comunidad Andina.

De ese porcentaje destacan: tortas y demás residuos sólidos de la extracción del aceite de soja (425 millones de dólares), aceite de soja en bruto (203 millones de dólares), los demás azúcares de caña o remolacha en estado sólido (34 millones de dólares), aceite en bruto de girasol (29 millones de dólares), los demás aceites de soja (28 millones de dólares), entre otros.

Para la consolidación de los rubros que garantizan la seguridad alimentaria, la política apuesta a ampliar las áreas de producción, y encaminar acciones que permitan que los sectores de microproductores puedan garantizar la comercialización de sus productos en el mercado interno.

Respecto a la bioenergía, una primera decisión es que este rubro se ampliará siempre y cuando la acción productiva no dañe el medio ambiente. Se está pensando lograr construir atajados y otras medidas para almacenar agua, por ejemplo, en el chaco, y en estas zonas lograr que los productos bioenergéticos se produzcan en cantidades, explicó la autoridad.

Los productos básicos en cuestión son maíz, caña de azúcar, remolacha, trigo y yuca para la producción de bioetanol, y soja y semillas oleaginosas para la producción de biodiesel. Expertos en el ámbito internacional explican que la producción de bioenergéticos tiene consecuencias dado que se prevé un aumento de la deforestación, reducción de la biodiversidad y aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero a causa de la demanda de tierras para cultivos energéticos. Menor calidad y fertilidad de los suelos ocasionada por las prácticas de cultivo intensivo exigidas por los cultivos bioenergéticos.

El almacenamiento de agua, comprende la construcción de todo tipo de reservorios que permitan contar con el líquido elemento para la producción de alimentos. Los efectos causados por los daños al medio ambiente como el cambio climático, tienen consecuencias en los sistemas productivos, como también en la obtención del agua en ese camino el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, junto al Ministerio de Medio Ambiente y Agua, impulsarán acciones para lograr este objetivo, dijo.

Los reservorios de agua dulce se pueden construir para almacenar aguas provenientes de quebradas y ríos, o para capturar aguas de lluvia. En Bolivia, los “humedales” son conocidos como reservorios de agua dulce que sirven de hábitat para un sin número de especies vegetal y animal.

A nivel nacional Bolivia cuenta con 12 humedales, de los cuales, cuatro están ubicados en el departamento de Santa Cruz y son de reconocimiento a nivel mundial como el Pantanal boliviano, los Bañados del Izozog y del río Parapetí; Laguna Concepción; y el Palmar de las Islas – Salinas de San José. Los otros están ubicados en Los Lípez, en el sudoeste del departamento de Potosí; el Lago Titicaca, en el departamento de La Paz; la cuenca de Tajzara, en el departamento de Tarija; los lagos Poopó y Uru Uru, en el departamento de Oruro.

De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), un 67,3% de la población vive en el área urbana y 32,7% en el área rural, de estos últimos el 85%, desarrollan actividades productivas agropecuarias, que son los que sostienen la producción y generan alimento para la población.

IP/JGP/MP

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