A 44 años de la conquista de 1982: La democracia boliviana, una institución vilipendiada y reducida al mercantilismo político

  • El aniversario del fin de las dictaduras coincide con el II Encuentro Nacional de Politólogos en Sucre, donde se debate el vaciamiento del sistema a manos de una clase política enfocada en sus propios intereses económicos.
  • Frente al diagnóstico de una democracia lisiada y sin líderes, la reconocida socióloga María Teresa Zegada postula el concepto de «democracia resiliente» como una vía de esperanza y resistencia civil ante el avance de los autoritarismos de turno.
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Por Marcelo Padilla

La Paz, Sucre, Innovapress, 10 oct 2026. — Este sábado 10 de octubre, Bolivia conmemora 44 años de la recuperación de la democracia, un hito histórico consolidado en 1982 cuando Hernán Siles Zuazo asumió la presidencia al mando de la Unidad Democrática Popular (UDP), clausurando casi dos décadas de dictaduras militares y cerca de 18 años de inestabilidad política y violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, más allá de la efeméride oficial, la fecha coincide con una profunda y cruda reflexión académica que describe a un sistema vilipendiado, mellado y vaciado de contenido por una clase política que continúa instrumentalizando el aparato del Estado para el beneficio económico personal y de sus cúpulas partidarias.

El debate sobre el estado de salud del sistema democrático se instaló en Sucre, sede del II Encuentro Nacional de Politólogos y Cientistas Sociales. En este foro académico, analistas e investigadores coincidieron en que el mayor peligro actual no proviene de los tradicionales golpes de cuartel, sino de la degradación ética y el pragmatismo mercantil de sus propios actores institucionales.

El diagnóstico del colapso: Partidos vacíos y prebenda

El debate central del encuentro giró en torno a la presentación del libro “Democracia vacía”, de autoría del cientista político Franz Flores. La investigación postula que Bolivia asiste a un proceso de vaciamiento democrático provocado de manera directa por los líderes y partidos que administran el poder.

Según este análisis, el sistema ha quedado desprovisto de proyectos ideológicos genuinos, carece de liderazgos con visión de Estado y se ha reducido a una estructura prebendal donde el control de los ministerios, las fiscalías y los escaños parlamentarios responde al llenado de bolsillos y al cuoteo corporativo.

Los politólogos advierten que la falta de un horizonte de país ha transformado la política en un oficio netamente transaccional. La institucionalidad se utiliza como un escudo para encubrir redes de corrupción o para forzar candidaturas, minando la confianza ciudadana y dejando a la población en una total indefensión institucional frente a los abusos del poder centralizado.

María Teresa Zegada: El postulado de una democracia que resiste

Frente a las posturas más pesimistas que dan por sentada una degradación terminal del modelo boliviano, la reconocida socióloga y cientista política María Teresa Zegada introdujo una perspectiva de análisis distinta durante una conferencia virtual dictada en el evento, donde además fue objeto de un reconocimiento especial por su trayectoria académica.

Ella admitió la existencia de profundas brechas históricas entre el comportamiento de las instituciones estatales y la realidad social de las mayorías, reconociendo el evidente escenario de erosión que debilita el estado de derecho en el país. Sin embargo, la investigadora propuso alejar el enfoque del pesimismo absoluto para entender el fenómeno desde la capacidad de respuesta de la propia sociedad civil.

“Se está hablando en el mundo ahora de la resiliencia de la democracia, que es un concepto bastante esperanzador frente a las democracias autoritarias o los autoritarismos democráticos que se han extendido y que parecería colocar estas democracias lisiadas nuestras en erosión irreversible”, expresó Zegada de manera literal.

Para la socióloga, la clave de los 44 años de vigencia del sistema radica en esa “democracia que resiste”, un tejido social y ciudadano que, a pesar de los abusos de los gobernantes y de la descomposición de los partidos tradicionales, se niega a entregar las libertades fundamentales civiles ante el avance de regímenes híbridos o autoritarismos disfrazados de legalidad.

El desafío actual, concluye la mesa de debate, no es solo celebrar el almanaque de 1982, sino rescatar la esencia del voto y de la fiscalización ciudadana frente a una élite que ve en la democracia un negocio de subsistencia y enriquecimiento.

IP/RDC

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