- El país requiere que se ataque el desempleo, que el dinero que se recibe como salario, alcance. El aparato productivo está estacando y quienes pagan siguen siendo los más humildes o los sectores reprimidos.

Por Marcelo Padilla
La Paz, Innovapress, 7 nov 2026.- A 365 días de haber asumido el mando del país bajo la promesa de una estabilización rápida y el prometido “despegue” económico, el primer año de gestión de Rodrigo Paz llega a su corte de caja con un saldo amargo para el bolsillo del ciudadano y de la ama de casa.
Las metas macroeconómicas formuladas al inicio del mandato han quedado relegadas ante la cruda realidad de los mercados: la reactivación productiva sigue varada en tierra, mientras que los precios de la canasta familiar y los costos del transporte han alcanzado altitudes inéditas para el ciclo reciente boliviano lo que el Ejecutivo definió como un periodo para “ordenar la casa” tras la eliminación gradual de subvenciones a los carburantes y el sinceramiento del mercado cambiario se ha traducido en un escenario de ajuste severo donde la economía real no termina de arrancar.
El PIB en freno de mano
El discurso de un reordenamiento exitoso choca directamente con la actividad económica cotidiana. Lejos de registrar la expansión productiva prometida para atraer inversiones, los balances del primer año reflejan un desempeño recesivo: la variación del Producto Interno Bruto (PIB) arrastra una contracción que oscila entre el -1,5% y el -3,27% según las mediciones del período.
Sectores estructurales como la industria manufacturera, el complejo agropecuario y la construcción continúan condicionados por la intermitencia en el abastecimiento regular de carburantes y la lentitud en la fluidez de divisas. El despegue industrial se ha quedado en intenciones y discursos oficiales, mientras las pequeñas y medianas empresas operan con márgenes mínimos de supervivencia.
Lo único que despega: La inflación de la canasta familiar
En el reverso de la contracción productiva se ubica el costo de vida. En un país acostumbrado durante más de una década a indicadores de inflación de un solo dígito bajo, la inflación acumulada al mes de octubre de 2026 trepó hasta el 6,03%, con un aumento interanual que sobrepasa el 7,08% y proyecciones que amenazan con bordear el 10% para el cierre del año.

El costo de “hacer mercado” es el indicador donde el impacto es más evidente:
Principales productos y servicios que elevaron el costo de vida
- Transporte público: Las tarifas en minibuses, microbuses, buses registraron un incremento del 14,55%, influenciadas por el ajuste en el valor del diésel (de Bs 9,80 a Bs 17,95).
- Alimentos y productos de primera necesidad:
- Cebolla: Subió un 21,61%.
- Papa: Aumentó un 16,12% (llegando a cotizarse hasta en Bs 100 la arroba en algunas regiones).
- Tomate: Se encareció un 12,56%.
- Carne de res: Mostró incrementos tanto en cortes sin hueso como en los precios generales de mercado (con valores que varían entre Bs 68 y Bs 90 el kilo según la calidad y la ciudad).
- Carne de pollo y cerdo: El pollo subió a un rango de Bs 15,50 a Bs 20,80 por kilo según la región, mientras que el cerdo y el huevo también reportaron alzas.
- Arroz: El quintal escaló de forma notable hasta alcanzar los Bs 500 en ciertos mercados.
- Servicios de alimentación fuera del hogar: El precio del almuerzo popular y la comida en mercados aumentó un 1,76% en promedio estadístico oficial, aunque en la práctica diaria los menús completos subieron de precio (pasando de Bs 10-13 a rangos de Bs 15-20).
Ajustes fiscales y la brecha del bolsillo popular
Aunque el Banco Central de Bolivia (BCB) logró estabilizar y elevar parcialmente el saldo de las Reservas Internacionales Netas (RIN) mediante la liquidez del oro y operaciones cambiarias, esta liquidez financiera centralizada no se traduce de forma inmediata en la mesa de los hogares bolivianos.
La aprobación del esquema cambiario flexible y la disminución del gasto de subvención redujeron el déficit a nivel de números públicos, pero trasladaron el costo operativo directamente a los consumidores.
En las calles, la percepción generalizada al cumplir los 12 meses de gestión es que el ajuste fiscal lo está pagando la economía popular, sin que a cambio se vislumbre una generación masiva de nuevos empleos formales o una inyección contundente de divisas en el sistema comercial.

Balance a 12 meses
El primer año de gestión de Rodrigo Paz concluye con un cuadro de estabilidad frágil y paz social aparente.
La economía boliviana se encuentra en una encrucijada peligrosa: un motor productivo que no logra levantar vuelo y una presión inflacionaria que continúa encareciendo el día a día de las familias bolivianas.
El desafío para el segundo año ya no es justificar la necesidad del ordenamiento, sino demostrar que el ajuste puede generar crecimiento tangible antes de que el agotamiento ciudadano consuma el margen de gobernabilidad.
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